Florecer es ese momento en el que todo se vuelve más crítico.
La planta ya creció, ya se estructuró, ya definió su potencial. Ahora necesita convertir esto en una producción real.
Y eso depende de la polinización.
La liberación de polen y la receptividad de los estilos de orejas deben ocurrir sincrónicamente. Cualquier falla aquí genera pérdida directa de grano.
Las temperaturas muy altas, la baja humedad y el estrés hídrico son los mayores enemigos de esta fase.
En el caso del maíz fuera de temporada, esto es aún más delicado, porque muchas regiones se enfrentan exactamente a estas condiciones durante este período.
Si falta agua, la planta reduce la emisión de estilos. Si el calor es excesivo, el polen pierde viabilidad.
Resultado: fracasos de la mazorca.
Y no hay forma de recuperar eso más tarde.
Por tanto, una gestión previa debió haber preparado la planta para soportar este momento. Una planta bien nutrida y equilibrada es más capaz de atravesar esta fase con menos pérdidas.
La floración es corta pero decisiva.
Es literalmente el momento en que la agricultura transforma el potencial en realidad.