Una vez emerge la planta, comienza una fase que muchos subestiman, pero que es fundamental para el rendimiento final.
El crecimiento vegetativo es cuando el maíz construye su estructura. Hojas, tallo, sistema radicular. Aquí nace todo lo que sustentará la producción en el futuro.
Es en este momento cuando la planta define su capacidad para absorber agua y nutrientes. Un sistema de raíces bien desarrollado marca la diferencia cuando el clima comienza a empeorar.
En el caso del maíz fuera de temporada, esta fase suele coincidir con una reducción gradual de las precipitaciones en algunas regiones. Es decir, si la planta no está bien estructurada, sufre.
La nutrición aquí debe ser eficiente. El nitrógeno, principalmente, juega un papel directo en el desarrollo de las plantas. Pero no tiene sentido postularse sin criterio. El equilibrio es lo que garantiza resultados.
Además, es en esta etapa cuando es necesario ajustar bien el manejo de malezas y plagas. La competencia en este momento impacta directamente el potencial de producción.
Quienes cuidan bien la vegetación preparan el cultivo para resistir lo que viene después.
Y lo que viene después es cuando el juego empieza a ponerse serio.